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La vida epifita

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La vida epifita es una novela del escritor español Francisco de Borja Castellano Salamanca, conde del Campo de Alange, publicada por Ediciones Atlantis en 2012.

El título del libro es una metáfora de la relación que existe entre los personajes del Conde y Cecilia, ambos necesitados el uno del otro, pero sin ser capaces de enraizar, de llegar a lo más profundo del ser vivo en el que se apoyan.

Composición Editar

Es una novela corta, que se compone de 18 capítulos no titulados. En los primeros doce capítulos se narra la historia conjunta del Conde y Cecilia, desde que ella comienza a trabajar para él hasta que el Conde le pide un tiempo para sacar a la luz su pasado, que no deja que su relación avance pero tampoco permite que termine. Desde el capitulo 13 al 18 se destapa el pasado del Conde a través de la conversación con Feliciano Azcona.

Argumento Editar

El libro narra la historia del Conde, que apenas cumplida la mayoría de edad, camino de una casa familiar aislada de la Ulloa (Galicia), en un pueblo ficticio llamado Lugarnovo, presencia un crimen, y en lugar de prestar ayuda a la víctima, se da a la fuga. Durante meses, el sentimiento de culpa le atormenta, y años más tarde decide investigar qué fue realmente lo que sucedió.

Sus investigaciones le llevan a descubrir que de ese crimen quedó una niña huérfana, Cecilia Blanco, de la que decide hacerse cargo en la sombra. Para ello realiza periódicamente donativos al centro de acogida de menores, situado a las afueras de A Coruña, en el que vive Cecilia. El centro lo dirige el Padre Daniel, jesuita que compara el espíritu del Conde con un bonsái, por ser incapaz de crecer, a pesar de tener un aspecto proporcionado.

Cuando Cecilia Blanco alcanza la mayoría de edad, el Conde la contrata como gobernanta en la casa de Lugarnovo. El Conde le procura a Cecilia no solo sus cuidados sino también educación y acceso a la literatura. A medida que pasan los años ambos se enamoran. Pero el sentimiento de culpa del Conde por haber estado involucrado en la muerte de Ramón Blanco, padre de Cecilia, no le permite tener con ésta una relación íntima y completa. Por ello, y ante el ultimátum de Cecilia para que aceptara su amor, el Conde llama a un detective privado, que le proporciona información sobre un hombre llamado Feliciano Azcona. Entre otros datos, le dice que Feliciano Azcona tiene el Síndrome de Raynaud, que debido al frío intenso puede causar la coloración azul de los dedos de las manos.

Feliciano Azcona, que posee una importante colección de cálices de cristal de roca, cree estar allí para comprarle un cáliz muy valioso al Conde. A medida que avanza la velada, en la que tiene lugar un vertiginoso duelo dialéctico entre Feliciano Azcona y el Conde, y en la que se va desvelando la trama de la novela, se pone de manifiesto la implicación que también ha tenido Feliciano Azcona en la muerte del padre de Cecilia Blanco. Finalmente, el Conde acusa a Feliciano Azcona de ser el asesino de Ramón Blanco. Paralelamente, el frío que el Conde ha propiciado en la casa vuelve azules las manos de Feliciano Azcona. Entonces, Cecilia entra en el salón, y encuentra al Conde encañonando a Feliciano Azcona con una escopeta, que en seguida entrega a Cecilia.

La última escena de la novela es de una altísima tensión, y en ella Cecilia Blanco ha de decidir si mata o no a Feliciano Azcona.

Temas centrales Editar

La relaciones epifitas o epífitas Editar

Toda la obra es un ejemplo de lo que el autor ha denominado “relaciones epifitas o epífitas”. Estas serían aquellas en las que una persona mantiene alrededor suyo a otra persona, le proporciona sustento físico o espiritual, le proporciona aliento, y sin embargo no permite que ésta otra persona se acerque por completo, manteniendo siempre una distancia. A la larga, esto lleva a la soledad impuesta, a la desesperación o incluso a la muerte. Aunque el libro se centra en la relación entre el Conde y Cecilia, también puede verse este tipo de relaciones epifitas en el Conde consigo mismo, en su relación con Dios y en su relación con sus padres.

La verdad Editar

Toda la trama gira en torno a la manera en la que el Conde decide contarle a Cecilia la verdad que hay detrás de su relación, y en el hecho de que el auténtico amor requiera de una verdad absoluta. El contrapeso a esta tesis viene dado por Feliciano Azcona, que parece estar rodeado de mentira. “Le diré una cosa, señor Conde, nunca le cuente a nadie sus secretos”. En la conversación que mantienen el Conde y Feliciano Azcona se hacen varias referencias a la necesidad o idoneidad de compartir con alguien una verdad plena.

La ambigüedad Editar

La construcción de la novela, de los personajes, y el mismo desenlace está marcado por la ambigüedad. No hay en la novela buenos ni malos. La relación entre Cecilia y el Conde se presenta marcada por el idealismo, y sin embargo lleva a que ambos se planteen el asesinato. Del mismo modo, Feliciano Azcona se presenta como un ser abyecto, pero que tal vez esté enfermo (esquizofrenia y paranoia). Más aún, la manera en la que se presentan algunos de los hechos dan lugar a diferentes interpretaciones. En este sentido, la posible implicación de Feliciano Azcona en la muerte de Ramón Blanco no queda completamente definida en ningún momento. Este hecho, no solo guarda relación con el tema anterior de la verdad, ya que se plantea si ésta puede realmente existir como única, sino que refleja la idea de que el ser humano es bueno y malo al mismo tiempo, y de que las consecuencias morales de sus actos varían en función de la posición desde la que se observen. El antagónico a este concepto viene representado por el jesuita Padre Daniel.

Referencias literarias Editar

La narración está trufada de referencias literarias. La obra comienza con una frase de Sándor Márai, extraída de la novela “La gaviota”. El capítulo 5 se dedica casi en su totalidad a la descripción de la biblioteca de la casa. Se hacen referencias a novelas de diversos géneros tanto de manera explícita, como integrada en la historia. Éste último es el caso de la referencia a Los sinsabores del verdadero policía deRoberto Bolaño realizada por el propio narrador, o del personaje de Feliciano Azcona que recita una poesía de Antonio Gamoneda. Además, entre otros se menciona a: Edgar Allan Poe, Agatha Christie, Arthur Conan Doyle, James Matthew Barrie, Michael Ende, Federico García Lorca y Manuel Rivas.

Referencias religiosas Editar

Un aspecto interesante de este libro es el enfoque religioso desde el que actúan los personajes. Dios y la religión están presentes a lo largo de toda la novela. Cecilia Blanco pasa su orfandad en un centro de menores de carácter religioso. La casa de Lugarnovo tiene una pequeña iglesia privada, a la que Cecilia acude diariamente y a la que el Conde entra para escuchar a la divinidad. Las referencias explícitas a la Biblia. Incluso, los cálices que colecciona Feliciano Azcona tienen un significado místico por un lado, y cristiano por otro. Se contrasta cierto arcaísmo con el hecho de que todas las decisiones que tomamos están marcadas por los conceptos religiosos que conforman nuestra cultura, y por la estructura mental que estos nos han conferido más allá de nuestras creencias religiosas concretas.

Géneros Editar

Es una novela marcada por el hibridismo genérico. Principalmente, tiene características de novela romántica, novela negra, novela existencialista y novela psicológica.

Romántica Editar

  • La presencia de la naturaleza y los lugares apartados: toda la acción sucede en una casa aislada en la Ulloa gallega (Lugo); en un pueblo ficticio, llamado Lugarnovo.
  • Hay un amor que parece imposible: el amor entre Cecilia y el Conde, porque un secreto se interpone entre ellos.
  • El idealismo: el Conde cree que su amor solo es posible a través de la verdad.
  • La apariencia de un destino extraño: que se percibe ya en la primera frase del libro: “Muchos años antes, cuando abandonó aquel hombre a su trágica suerte, el Conde tuvo la certeza de que el suceso que acababa de presenciar traería consecuencias el resto de su vida: Cecilia fue, en un principio, la penitencia.”
  • La religión. Véase Referencias Religiosas.
  • La muerte: no solo como un fin ontológico sino como desencadenante de la novela a través de un crimen sin resolver.

Negra Editar

  • La presencia de un detective.
  • El plan para desenmascarar al culpable: aunque en esta novela la resolución del misterio no sea el objetivo principal.
  • La división entre buenos y malos se difumina: entre otras razones porque se producen diversos cambios en la posición moral de los personajes principales.

Existencialista Editar

A lo largo de toda la obra se realizan diversas reflexiones breves, no desarrolladas en profundidad debido a la reducida dimensión de la novela, pero que sí le imprimen cierto carácter existencialista. Todas estas reflexiones tienen al hombre como objeto del pensamiento, así como su relación con el mundo desde una perspectiva existencial.

Psicológica Editar

Se enfatiza la caracterización interior de sus personajes, sus motivos, circunstancias y la acción interna que nace y se desarrolla a partir de la acción externa.

Técnica narrativa Editar

En La vida epifita se aprecia una técnica narrativa que juega con el tono, el espacio y un ritmo novelesco que se incrementa gradualmente. En conjunto, estos tres elementos permiten que el lector se involucre fácilmente en la historia.

El tono narrativo es claramente definido por un narrador heterodiegético equisciente, que se identifica con el personaje del Conde y conoce sólo aquello que conoce el Conde o aquello que a éste le han contado. Se aprecia también una leve yuxtaposición estilística, marcada por un nivel de dicción más lírico en los capítulos que narran la puntos de intensidad en la relación de amor entre el Conde y Cecilia. Además, se aprecia también una leve reducción del distanciamiento psíquico en los últimos capítulos, que permiten al lector involucrarse con el desenlace de la historia.

Para la contar la historia, se produce un flash-back o analepsis entre los capítulos 4 y 10, que permite al lector conocer todos los antecedentes de la vida conjunta entre el Conde y Cecilia, y prepararle para lo que sucederá en la velada que se narra entre los capítulos 13 y 18.

En el capítulo 13, que marca la entrada en la casa de Feliciano Azcona, se produce un cambio en el tiempo verbal, de pasado a presente. Del mismo modo, a partir de este capítulo se incrementa el ritmo narrativo, fundamentalmente mediante el uso del diálogo, que iguala tiempo narrativo y tiempo real, y la reducción drástica de las descripciones.

También es fundamental entre los capítulos 13 y 18 el manejo de la atmósfera para crear las condiciones de frío dentro de la casa, indispensables para provocar en Feliciano Azcona el síndrome de Raynaud.

Tiempo y espacio Editar

La novela está ambientada en un pueblo llamado Lugarnovo, lugar ficticio que refleja las costumbres de la vida de los pueblos gallegos. El pueblo está situado en algún punto a escasos kilómetros de Antas de Ulla, en la Ulloa, Lugo (Galicia). Toda la acción sucede en el recinto de la casa, aislada incluso del resto del pueblo. La acción se desarrolla en la época actual, a principios de s. XXI.

La simbología Editar

Una de las principales características de la novela es el uso del simbolismo. Son muchos los elementos y hechos simbólicos que aparecen. Principalmente:

  • El cáliz: Objeto que colecciona Feliciano Azcona, para quien simboliza el ansia de lo bello y lo eterno, de aquello que siempre posee un valor intrínseco. Para el Conde, que atrae a Feliciano Azcona diciendo tener un cáliz valioso, simboliza el sufrimiento y la sangre derramada. Con respecto a Cecilia, el cáliz simboliza el cáliz de las flores, que tiene una función protectora.
  • La biblioteca y la literatura: La biblioteca simboliza los gustos e inquietudes de cada uno de los propietarios de la casa, y el peso que Cecilia va ganando en ella y en la vida del Conde, progresivamente. La literatura simboliza el lugar en el que el Conde y Cecilia pueden expresarse su amor, sin confesarlo explícitamente.
  • El bonsái: Representa el espíritu del Conde, mutilado por la culpa y la duda, aunque sano en apariencia. Como un bonsái, que a través de la poda mantiene una apariencia proporcionada pero nunca llegará a ser el árbol grande que podría haber sido. Esta metáfora tiene su origen en el capítulo 6 de la novela.
  • Espacios verticales y lúgubres/espacios horizontales y abiertos: La torre almenada en la que está su dormitorio, el bosque, los caminos sinuosos, simbolizan la personalidad atormentada del Conde; frente a los prados y los campos abiertos que le gustan a Cecilia y simbolizan también su personalidad, abierta pero sin historia.
  • Pintando la casa: En el capítulo 6, el Conde realiza un donativo para pintar la fachada del centro de acogida de menores. Insiste en pintarla de rojo, frente a la insistencia del Padre Daniel en pintarla de blanco. Puede entenderse aquí un presagio del dilema moral que se desencadena en el último capítulo, siendo el rojo la sangre y el blanco el perdón.

Personajes Editar

  • El Conde: En el momento que inicia la novela tiene 34 años. Oculta su nombre tras la distinción genérica de un título. Se dedica a gestionar el patrimonio familiar. Es inteligente y culto. Se hace cargo de Cecilia por ser la hija de una víctima que murió delante de él. Acaba enamorándose de ella y la contrata para trabajar en su casa. Para contarle a Cecilia la verdad de su pasado, elabora un plan para atraer a la casa al presunto asesino y tenderle una trampa.
  • Cecilia: La hija del desaparecido Ramón Blanco. Tiene 24 años. Entre los 8 y los 18 años vive en el centro de acogida de menores. En los cinco años que pasan desde que entra a trabajar a Lugarnovo hasta que llega Feliciano Azcona, vive a la sombra del Conde, y acepta de él todo lo que le ofrece. Es una extraña mujer sin historia, fría y taciturna.
  • Feliciano Azcona: Presunto asesino de Ramón Blanco. Nace en Camariñas en 1950, en el seno de una familia humilde de pescadores. Hace fortuna con sus empresas. Su mujer le es infiel y se divorcia. Poco después desaparece del país por motivos poco claros. Tiene dos hijos. Es autoritario y ególatra. Es obsesivo, manipulador e interesado. Sufre de esquizofrenia y paranoia.
  • Padre Daniel: Sacerdote encargado de la dirección del centro de menores en el que vive Cecilia Blanco hasta que cumple la mayoría de edad. Acepta los donativos del Conde porque sabe que éste lo necesita para calmar su conciencia.
  • Rosa y el Embajador: Los padres del Conde. Viven en Uruguay. Aparecen en Lugarnovo e interrumpen la relación entre Cecilia y el Conde, y advierten además que ésta no sería de su agrado.
  • Esperanza Solís: La mejor amiga del Conde. Le facilita los datos de contacto del detective privado. Discuten sobre la moralidad de tomarse la justicia por la propia mano. Representa también la vida que el Conde abandona en Madrid para irse a Lugarnovo a vivir con Cecilia Blanco. Le dice: “ya me enteraré yo de lo que escondes en Galicia”.

Críticas Editar

Desde su presentación en la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, la novela ha recibido buenas críticas por parte de escritores, periodistas y críticos literarios, entre otras:

  • “La vida epifita o epífita es una novela para el paladeo literario, esta redactada con aliento de buen narrador y trufada de una gramática referencial culta e ilustrada, trufada por el amor a los libros, a la lectura, a los objetos bellos, todo ese armazón, toda esa panoplia, que se utilizaba en las buenas narraciones, y que tanto echamos de menos en la actualidad…” Alfredo Taján.
  • “Los libros buenos no dan respuestas, lo que hacen es suscitar un montón de preguntas. Y este es un buen libro.” Carmen Posadas . Escritora
  • “Una buena novela, que mantiene la tensión hasta el final.” Germán Gullón. Crítico literario
  • “La vida epifita mantiene la tensión hasta el final, es muy buena, está bien lograda y bien llevada.” Juan Van Halen. Escritor y crítico literario
  • “La primera novela de Borja Castellano supone el ‘nacimiento’ de la escritura de alguien con talento.” Ronaldo Menéndez. Escritor
  • “La vida epifita, la primera novela de Borja Castellano, es una obra que no deja indiferente.” Leticia Audibert. Periodista.

Referencias bibliográficas Editar


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